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Cinco mitos sobre la minería que siguen repitiéndose

La minería suele generar opiniones encontradas. Mientras algunos la consideran indispensable para el desarrollo económico y la transición energética, otros la asocian exclusivamente con contaminación o degradación ambiental. Buena parte de este debate está influenciado por información incompleta o por ideas que se han repetido durante años sin distinguir entre prácticas del pasado y los estándares que hoy regulan la actividad. Organismos como el Banco Mundial, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) coinciden en que comprender cómo funciona la minería moderna es fundamental para sostener un debate informado. A continuación, se presentan cinco de los mitos más frecuentes y lo que indican las fuentes técnicas e institucionales.

Mito 1: Todas las minas contaminan de la misma manera

Uno de los errores más comunes es asumir que todas las operaciones mineras generan el mismo nivel de impacto ambiental. En realidad, los efectos dependen de factores como el tipo de mineral, la geología del yacimiento, la tecnología utilizada, el método de extracción, el marco regulatorio y la calidad de la gestión ambiental.

El Banco Mundial señala que la aplicación de evaluaciones de impacto ambiental, sistemas de monitoreo, tecnologías para el tratamiento de aguas y planes de cierre permite reducir significativamente los riesgos ambientales cuando estas medidas se implementan de forma adecuada. Esto no significa que la minería sea una actividad libre de impactos, sino que existen herramientas para prevenirlos, mitigarlos o compensarlos.

Mito 2: La minería solo beneficia a las empresas

Si bien las empresas obtienen beneficios económicos de la explotación de minerales, la actividad también puede generar ingresos fiscales, empleo, exportaciones y encadenamientos productivos cuando existe una adecuada gobernanza.

Según la CEPAL, el verdadero desafío consiste en lograr que la riqueza generada por los recursos naturales se traduzca en desarrollo para la población mediante instituciones sólidas, transparencia e inversión pública eficiente.

En República Dominicana, por ejemplo, la minería se encuentra entre los principales sectores exportadores y aporta divisas, impuestos y empleos formales, de acuerdo con estadísticas del Banco Central y del Ministerio de Energía y Minas. No obstante, los organismos internacionales insisten en que esos beneficios deben ir acompañados de una adecuada gestión ambiental y social.

Mito 3: Cuando una mina cierra, simplemente se abandona

Otra idea frecuente es que las empresas terminan la extracción y dejan el lugar sin ninguna responsabilidad posterior.

Las buenas prácticas internacionales indican justamente lo contrario. El Banco Mundial explica que el cierre de una mina debe planificarse desde el inicio del proyecto e incluye actividades como la restauración del terreno, el tratamiento de aguas, la estabilización de residuos, la revegetación y el monitoreo ambiental durante varios años.

En muchos países, incluida República Dominicana, los planes de cierre forman parte de los requisitos regulatorios que deben presentar los proyectos mineros como parte de su gestión ambiental.

Mito 4: La minería ya no es necesaria

La creciente digitalización y la transición hacia energías limpias han incrementado la demanda mundial de minerales.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) señala que tecnologías como los vehículos eléctricos, las baterías, los paneles solares, las turbinas eólicas y los centros de datos que soportan la inteligencia artificial requieren grandes cantidades de cobre, níquel, litio, grafito, cobalto y otros minerales críticos.

Esto significa que avanzar hacia una economía con menores emisiones de carbono no elimina la necesidad de minería; por el contrario, incrementa la demanda de ciertos recursos estratégicos. El reto consiste en producirlos bajo estándares ambientales y sociales cada vez más exigentes.

Mito 5: Encontrar un mineral significa que habrá una mina

Descubrir un yacimiento no garantiza que llegue a desarrollarse un proyecto extractivo.

La exploración minera es una actividad de alto riesgo en la que intervienen estudios geológicos, análisis económicos, evaluaciones ambientales, procesos regulatorios y decisiones de inversión. El Banco Mundial señala que solo una pequeña proporción de los descubrimientos logra convertirse en minas en operación, debido a que muchos proyectos no resultan técnicamente viables, económicamente rentables o ambientalmente compatibles con los requisitos establecidos.

En otras palabras, encontrar minerales es apenas el inicio de un proceso que puede durar más de diez años y que, en la mayoría de los casos, nunca llega a la etapa de producción.

¿Por qué persisten estos mitos?

Los especialistas coinciden en que la minería suele analizarse desde posiciones muy polarizadas. La complejidad técnica del sector, la circulación de información sin contexto y la difusión de datos incompletos dificultan que la ciudadanía comprenda cómo funcionan realmente los proyectos extractivos.

El PNUD sostiene que fortalecer el acceso a información basada en evidencia, promover la participación ciudadana y mejorar la transparencia institucional son elementos esenciales para elevar la calidad del debate público sobre los recursos naturales.

Los mitos sobre la minería suelen surgir cuando temas altamente técnicos se simplifican o se analizan sin considerar el contexto. La evidencia del Banco Mundial, la CEPAL, la AIE y el PNUD muestra que la actividad minera enfrenta importantes desafíos ambientales y sociales, pero también que su funcionamiento actual está respaldado por regulaciones, estándares internacionales y procesos de supervisión mucho más exigentes que décadas atrás. En países como República Dominicana, donde la minería forma parte de la economía nacional, comprender estos aspectos resulta fundamental para que el debate público se base en información verificable y no únicamente en percepciones o generalizaciones.

 

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