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Los minerales que hacen posible la inteligencia artificial

La inteligencia artificial (IA) suele asociarse con algoritmos, centros de datos y computadoras de alto rendimiento. Sin embargo, detrás de cada modelo capaz de procesar grandes volúmenes de información existe una realidad menos visible: la extracción y el procesamiento de minerales estratégicos. Componentes como los semiconductores, servidores, chips especializados, redes eléctricas y sistemas de almacenamiento de energía dependen de recursos minerales cuya demanda aumenta al ritmo de la transformación digital. Organismos como el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía (AIE) coinciden en que la transición tecnológica y el crecimiento de la inteligencia artificial están incrementando la necesidad de minerales críticos, convirtiéndolos en un elemento esencial para el desarrollo económico y la innovación.

Una tecnología digital con base mineral

Aunque la inteligencia artificial funciona mediante programas informáticos, su operación depende completamente de infraestructura física. Los centros de datos donde se entrenan y ejecutan modelos de IA utilizan miles de procesadores y tarjetas de alto rendimiento fabricados con minerales como silicio, cobre, oro, plata, níquel y estaño. Además, los sistemas de alimentación eléctrica y respaldo requieren grandes cantidades de aluminio, acero y minerales utilizados en baterías.

La Agencia Internacional de la Energía explica que la digitalización y la transición energética están impulsando una demanda creciente de minerales esenciales para las tecnologías avanzadas. Estos recursos son indispensables tanto para fabricar equipos electrónicos como para garantizar el suministro energético que necesitan los centros de procesamiento de datos.

¿Cuáles son los minerales más importantes?

Entre los minerales que hacen posible el desarrollo de la inteligencia artificial destacan varios por su papel dentro de los dispositivos electrónicos.

El silicio constituye la base de los microchips y semiconductores presentes en procesadores, memorias y circuitos integrados. El cobre es indispensable para fabricar cables, sistemas eléctricos, motores y equipos de transmisión de datos gracias a su elevada conductividad.

También intervienen minerales como el oro y la plata, utilizados en conexiones electrónicas de alta precisión por su resistencia a la corrosión; el estaño, empleado en soldaduras electrónicas; el níquel, el litio, el cobalto y el grafito, fundamentales para las baterías que respaldan equipos y sistemas de almacenamiento energético.

A ellos se suman las tierras raras, un grupo de minerales utilizados en imanes permanentes de alta eficiencia presentes en discos duros, motores eléctricos y diversos componentes tecnológicos.

Una demanda que seguirá creciendo

La importancia de estos minerales aumenta a medida que se expanden tecnologías como la inteligencia artificial, la computación en la nube, los vehículos eléctricos y las energías renovables.

Según el informe The Role of Critical Minerals in Clean Energy Transitions de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), la demanda de minerales críticos para tecnologías energéticas limpias se duplicó entre 2017 y 2022, impulsada principalmente por el crecimiento de la movilidad eléctrica y las energías renovables. La AIE advierte que esta tendencia continuará durante las próximas décadas debido a la aceleración de la digitalización y la electrificación de la economía.

Por su parte, el Banco Mundial estima que la transición hacia tecnologías bajas en carbono podría requerir la producción de más de 3,000 millones de toneladas de minerales y metales para satisfacer la demanda de infraestructura energética, almacenamiento y tecnologías asociadas.

Más minería, pero también mayor responsabilidad

El crecimiento de la demanda de minerales plantea importantes desafíos ambientales y sociales. La expansión de la producción debe realizarse bajo estándares que garanticen la protección del agua, la biodiversidad, los ecosistemas y los derechos de las comunidades.

El Banco Mundial sostiene que el desarrollo de una minería climáticamente inteligente (Climate-Smart Mining) busca precisamente aumentar la disponibilidad de minerales estratégicos mediante procesos más eficientes, tecnologías de menor impacto ambiental y una gestión responsable de los recursos naturales.

En ese mismo sentido, organismos como la OCDE, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) promueven prácticas relacionadas con la transparencia, la trazabilidad de los minerales, la economía circular y el fortalecimiento de la gobernanza del sector extractivo.

¿Qué significa esto para República Dominicana?

República Dominicana posee una reconocida tradición minera basada principalmente en la producción de oro, plata, ferroníquel, caliza, yeso, larimar y ámbar. Aunque el país no produce actualmente varios de los llamados minerales críticos utilizados en la inteligencia artificial, la creciente transformación tecnológica mundial abre nuevas oportunidades para fortalecer la competitividad del sector mediante mayores estándares ambientales, innovación, investigación geológica y atracción de inversiones responsables.

Instituciones como el Ministerio de Energía y Minas y la Dirección General de Minería impulsan políticas orientadas al aprovechamiento sostenible de los recursos minerales, alineadas con la Estrategia Nacional de Desarrollo y con las tendencias internacionales hacia una minería cada vez más transparente y sostenible.

Un ejemplo cotidiano

Cada vez que una persona utiliza un asistente virtual, traduce un documento con inteligencia artificial o consulta un modelo generativo desde su teléfono o computadora, la información viaja hasta centros de datos equipados con miles de procesadores especializados. Esos equipos funcionan gracias a microchips fabricados con silicio, conexiones de cobre y oro, sistemas eléctricos de aluminio y baterías que contienen minerales como litio o níquel. Aunque el usuario solo vea una aplicación digital, detrás existe una extensa cadena de suministro mineral que hace posible esa tecnología.

La inteligencia artificial no depende únicamente del desarrollo de software o de avances en programación. Su crecimiento está estrechamente vinculado con la disponibilidad de minerales estratégicos que permiten fabricar equipos electrónicos, centros de datos y sistemas energéticos capaces de soportar enormes volúmenes de procesamiento. La evidencia del Banco Mundial, la Agencia Internacional de la Energía y otros organismos internacionales muestra que la innovación tecnológica y la minería mantienen una relación cada vez más estrecha. El desafío consiste en garantizar que esa creciente demanda de minerales vaya acompañada de una explotación responsable, una regulación sólida y prácticas que permitan aprovechar los recursos naturales sin comprometer el desarrollo sostenible de las futuras generaciones.

 

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