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¿Puede una zona minera volver a ser productiva para la comunidad?

Una zona minera puede volver a ser productiva —económica, social y ambientalmente— una vez que termina la explotación, si se aplican procesos adecuados de remediación ambiental, rehabilitación ecológica, planificación territorial y diversificación productiva. Así lo demuestran experiencias internacionales y las recomendaciones de organismos multilaterales como el Banco Mundial y la CEPAL, que coinciden en que los territorios post-mineros no tienen por qué quedar como espacios degradados o improductivos.

¿Qué significa que una zona minera vuelva a ser productiva?

Volver a ser productiva no significa retomar la minería, sino darle un nuevo uso sostenible al territorio. En términos sencillos, implica que la zona:

  • Recupere funciones ambientales básicas, como suelos estables, agua de mejor calidad y vegetación.

  • Pueda albergar nuevas actividades económicas, como agricultura sostenible, turismo, energías renovables, áreas recreativas o infraestructura compatible.

  • Genere empleo, ingresos y bienestar para las comunidades locales.

La productividad post-minera se enfoca, por tanto, en crear valor a largo plazo, más allá de la extracción de minerales.

¿Por qué este tema es importante?

La forma en que se gestionan las zonas mineras tras su cierre tiene impactos directos en la calidad de vida de las personas, en la economía local y en el medio ambiente. Sin una adecuada recuperación, estos territorios pueden convertirse en pasivos ambientales, con suelos contaminados, aguas degradadas y riesgos para la salud.

El Banco Mundial advierte que los territorios mineros abandonados suelen convertirse en liabilities (pasivos), mientras que una buena gestión puede transformarlos en activos productivos para las comunidades. Por su parte, la CEPAL subraya que la minería debe asumir sus impactos “inclusive con posterioridad a su cierre”, integrando la recuperación del territorio como parte del desarrollo sostenible.

¿Qué dicen los organismos internacionales?

Banco Mundial: de pasivos a activos comunitarios

El Banco Mundial promueve estrategias integrales de cierre y recuperación minera. En uno de sus análisis destaca que en Rumania, la combinación de “un cierre de minas ambientalmente adecuado” con programas de empleo e infraestructura local permitió beneficiar a miles de personas afectadas por el cierre de operaciones mineras.

Además, el organismo ha desarrollado herramientas como LURA (Land Use Repurposing Application), que ayuda a identificar usos alternativos para terrenos post-mineros —como parques solares, zonas industriales o espacios comunitarios— evaluando riesgos, condiciones técnicas y potencial de desarrollo, con participación de autoridades y comunidades locales.

CEPAL: minería responsable y sostenibilidad

La CEPAL ha insistido en que la gestión post-minera debe internalizar los impactos ambientales y sociales de la actividad extractiva. En sus estudios regionales, señala que planificar el uso futuro del territorio es clave para evitar conflictos socioambientales, proteger derechos humanos y promover economías locales sostenibles.

Ejemplos concretos de recuperación post-minera

 Pueblo Viejo (República Dominicana)

Antes de reiniciar operaciones modernas en la antigua mina de Pueblo Viejo, se invirtieron aproximadamente US$75 millones en remediar impactos ambientales históricos, incluyendo la remoción de 130,000 metros cúbicos de suelo contaminado y mejoras en la calidad del agua de los acuíferos cercanos. Posteriormente, la mina volvió a operar bajo estándares ambientales más estrictos, con una inversión cercana a US$4,000 millones, generando empleo y dinamización económica local. Este caso muestra que la remediación puede ser un paso previo clave para recuperar el valor productivo de un territorio.

 Ghana y Sudáfrica

En varios países africanos, programas de rehabilitación de áreas mineras han permitido recuperar suelos y vegetación nativa, facilitando usos agrícolas, áreas verdes comunitarias y espacios recreativos. Estos procesos también han generado empleo local vinculado a la restauración ambiental y el manejo del territorio.

Francia y Canadá

En Europa y América del Norte existen ejemplos emblemáticos de reconversión. En Francia, antiguas minas a cielo abierto han sido transformadas en zonas de ocio con lagos y ecosistemas restaurados. En Canadá, la antigua cantera que hoy alberga los Butchart Gardens se convirtió en un reconocido jardín botánico y destino turístico internacional.

 Jamaica

Un proyecto del Banco Mundial en Jamaica mostró cómo tierras degradadas por la minería de bauxita fueron rehabilitadas e integradas a agricultura sostenible y turismo rural, generando empleo y mejoras socioeconómicas para comunidades rurales.

¿Qué factores hacen posible esta recuperación?

La experiencia internacional identifica varios elementos clave:

  • Remediación ambiental efectiva, que permita controlar contaminación y recuperar suelos y agua.

  • Planificación participativa, integrando a comunidades, autoridades locales y expertos técnicos.

  • Diversificación productiva, para reducir la dependencia de la minería y fomentar actividades compatibles con el entorno.

  • Políticas públicas y marcos regulatorios sólidos, que orienten el cierre responsable y el uso posterior del territorio, como recomiendan la CEPAL, el Banco Mundial y la OCDE.

Riesgos y desafíos a considerar

La recuperación post-minera no es automática. Persisten riesgos como:

  • Contaminación residual si la remediación es incompleta.

  • Conflictos sociales cuando las comunidades no participan en la toma de decisiones.

  • Falta de financiamiento para la etapa posterior al cierre minero.

La CEPAL identifica estos factores como obstáculos frecuentes que deben abordarse para lograr una transición exitosa.

Sí, una zona minera puede volver a ser productiva para la comunidad, pero no ocurre por inercia. Requiere estrategias integrales, que incluyan remediación ambiental, planificación participativa, diversificación económica y marcos institucionales claros. La evidencia internacional demuestra que, cuando estos elementos se combinan, los territorios post-mineros pueden transformarse en espacios de oportunidad, empleo y bienestar, contribuyendo a un desarrollo verdaderamente sostenible.

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